lunes, 31 de diciembre de 2012

Carpe Diem

Carpe Diem es la expresión latina para uno de los temas clásicos de la poesía universal: la brevedad de la vida, la belleza fugaz y la necesidad de por eso gozar del presente. La traducción literal de la frase es "aprovecha el día". El origen de ésta se encuentra en la Oda 11 del primer libro de Odas del poeta Horacio. Allí, dice el poeta "Carpe diem quam minimum credula postero" "aprovecha el día, confia lo menos posible en el mañana". Este poema de Horacio está dedicado a Leuconoe que en la mitología romana es una hija del dios Neptuno. La imprecación a la doncella que es destinataria del poema se instaurará como elemento recurrente en toda la tradición poética del Carpe Diem.






El poeta romano Decimo Magno Ausonio (310-h.393 d.C.) recoge este tópico horaciano en su poema De rosis nascentibus, texto que algunos atribuyen a Virgilio. Este poema a una joven doncella a quien se invita a aprovechar la juventud culmina con el famoso verso de Carpe Diem: Collige, virgo, rosisfrase que representa la fugacidad del tiempo al final del cual todas las cosas, aún si bellas o importantes, habrán de morir.


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sábado, 29 de diciembre de 2012

Saturnales

Las Saturnales estaban consagradas al dios Saturno y se celebraban del 17 al 23 de diciembre honor a Saturno. En este mes de diciembre, se celebraba con velas y antorchas el fin del período más oscuro del año y el nacimiento del nuevo periodo de luz, o nacimiento del Sol Invictus, coincidiendo con la entrada del Sol en el signo de Capricornio, que constituye el solsticio de invierno. En sus más remotos orígenes, las Saturnales celebraban la finalización de los trabajos del campo, una vez concluida la siembra efectuada durante el invierno, cuando el ritmo de las estaciones dejaba a toda la familia campesina, incluidos los esclavos domésticos, tiempo para descansar del esfuerzo cotidiano. El día oficial de la consagración del templo de Saturno en el Foro romano era propiamente el 17 de diciembre, pero la festividad era tan apreciada por el pueblo que de forma no oficial se festejaba también a lo largo de los seis días posteriores, hasta el 23 de diciembre. Las fiestas comenzaban con un sacrificio en el templo de Saturno, que en la Roma primitiva tuvo tanta importancia como Júpiter. Dicho templo se hallaba situado a los pies de la colina del Capitolio, la zona más sagrada de Roma; después del sacrificio, seguía un banquete público, al que todo el mundo estaba invitado. Durante los días siguientes, la gente se entregaba a bulliciosas diversiones, celebraba banquetes y se intercambiaban regalos. Las Saturnales se consideraban como “fiestas de los esclavos", ya que éstos eran recompensados con raciones extras de comida y vino. Catón el Viejo, que por lo demás calculaba con un rigor sin compasión los costos y utilidad del trabajo de los esclavos de sus posesiones rurales, les concedía en las Saturnales una ración extra de 3,5 litros de vino. Gozabán de tiempo libre y otros privilegios de los que no disfrutaban durante el resto del año; a menudo, incluso eran liberados de sus obligaciones y cambiaban sus tareas con las de sus dueños: el señor actuaba como esclavo, el esclavo como señor. Los romanos asociaban a Saturno con el dios helénico Crono, cuyo reinado coincidió según el mito con la edad de oro de la Humanidad; honrar a este dios propiciaba un regreso a los orígenes míticos: las fiestas servían para recuperar un presunto paraíso inicial, donde los hombres vivían sin separaciones jerárquicas, sin opresión de unos sobre otros. Vivir y dejar vivir era el lema de la fiesta y el 17 de diciembre, según cuenta el poeta Cátulo, su mejor día. Las escuelas, que en otras ocasiones no prestaban atención alguna a las numerosísimas fiestas del calendario romano, cerraban sus puertas en estas fechas. Lo que de ordinario estaba prohibido, se autorizaba en estos días locos. Las leyes contra el lujo permitían en las Saturnales gastar en comidas una cantidad mayor que en los días corrientes. Pero, en especial, en el interior de la familia se eliminaban todas las barreras que separaban al esclavo del hombre libre. El juego de los dados, estrictamente prohibido en fechas normales, aunaba a señores y siervos. En algunos aspectos, ciertas costumbres de las Saturnales perviven en las costumbres navideñas; así ocurre con la costumbre de encender velas y hacerse regalos. En un principio era habitual regalarse velas y muñecos de barro. Luego, en parte por influencia griega, fue común agradecer con alguna pequeña atención o con un regalo en dinero a los amigos y a todas las personas a quienes se debía algo por algún servicio prestado. Las Saturnales tuvieron tal arraigo en la sociedad romana que el cristianismo tuvo muchos problemas para acabar con las celebraciones, y en parte lo consiguió cuando cobró mayor importancia la celebración de la Navidad. Una vez que el cristianismo se impuso en el Imperio Romano, el nacimiento del Sol y su nuevo periodo de luz fueron sustituidos por la celebración del nacimiento de Jesucristo.

viernes, 26 de octubre de 2012

Familia Romana




La familia romana, a diferencia de la familia europea actual, estaba constituida no sólo por los padres, hijos y parientes, sino que también formaban parte de ella todos los que estaban bajo la autoridad del pater familias incluyendo los esclavos. No en vano la palabra familia está emparentada con famulus, esclavo. El pater familias era el hombre que no dependía de nadie y del que todos dependían. Tenía poder de vida y muerte sobre las personas que estuviesen bajo su poder. A pesar de tener el poder de vida y muerte algunos padres romanos se caracterizaban por el amor y respeto a sus hijos.

Hallada en el Raval la sandalia de un legionario romano.

La huella de Roma en el barrio del Raval de Barcelona. Y nunca mejor dicho: unas excavaciones en la plaza del Pedro y alrededores han permitido hallar los restos de ¡una sandalia romana!, una de las típicas caliga (plural: caligae) tachonadas de los legionarios que llevaron las águilas de la República y luego del Imperio por todo el mundo antiguo. La sandalia del Raval apareció durante la intervención arqueológica preceptiva al efectuarse unas obras de mejora urbanística que suponían la apertura de una zanja. En el tramo de esa zanja en la calle de Sant Antoni Abat se identificaron siete estructuras funerarias correspondientes muy probablemente al área de necrópolis situada a lo largo del trazado de la vía romana que atravesaba la ciudad. En una de esas sepulturas, una tumba en caja de tejas, apareció parte del ajuar del difunto, del que quedaban algunos huesos: una botellita de cristal y restos de su calzado, concretamente las tachuelas (clavi caligarii) de la suela claveteada. Tras un minucioso trabajo se ha podido reconstruir la suela de la sandalia legionaria. Actualmente se está acabando de restaurar el material para que pueda ser exhibido. La sandalia barcelonesa muestra, a diferencia de otras caligae halladas, una disposición de las tachuelas lineal y apiñada. La cronología del enterramiento situa nuestra sandalia en el siglo II, una imperial sandalia, entonces.

                                                  Típica caliga.
                                                Restos de la caliga hallada en el barrio de Raval( Barcelona).


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